Con un desfile de artificio de decorados ajustados y demasiado pequeños para hacernos pensar en enormes ciudades del Japón se se evoca, una entrecortada caÃda de escenas en ocasiones coartadas de tiempo con demasÃa, ni la protagonista en cuestión convence como cenicienta particular ni los juegos de pasión convenida y compañÃa delimitados con la severidad del matiz necesario en un tema como el de las geishas, y un final sencillo y plano para una supuesta historia de amor que en realidad se muestra a cuentagotas, la pelÃcula destila posos de control para ser correcta no dejando fluir la intensidad de un drama que baila por sà mismo.
La actriz secundaria, que sobresale ante la protagonista porque no le cesan en sus interpretaciones para continuar con un ritmo endiablado, denota que los hilos que mecen la historia, dejados en el olvido, se convierten en cabos con los que agarrar la necesaria tranquilidad de actuaciones para llegar a un final tierno y extenso, pero, la travesÃa hasta llegar a un punto de incursión estadounidense, como climax del film, es demasiado temeraria, demasiado marcada, tan solo el incendio, el baile, efectos de iluminación que agarran el desinterés en la pelÃcula, se salvan de una pelÃcula que podrÃa haber sido más y sólo se queda en interesante.