La carrera de Scarlett Johansson, de un tiempo a esta parte, marcha a la deriva. Se sostiene como buenamente puede en los periódicos trabajos que viene realizando para Woody Allen (Match point, Scoop, la próxima Vicky Cristina Barcelona) pero, por lo demás, no hay por dónde cogerla. Sus elecciones son un desastre; ahà están sus insustanciales papeles en La dalia negra y en El truco final, o esta misma pelÃcula, Diarios de una niñera, para demostrarlo.
En los dos primeros casos el problema era que, a pesar de tratarse de proyectos a priori interesantes (directores de prestigio, interesante base argumental, buenos actores), el papel escogido por Scarlett no daba absolutamente para nada. Meras comparsas, papeles de apoyo escritos para actrices de tercera fila. Personajes que, inexplicablemente, la Johansson aceptó.
AquÃ, en cambio, estamos ante otro error de elección de corte diferente: simplemente, una pelÃcula sin nada que aportar a su carrera, tan necesitada de un vuelvo. ¡De algo!. Y es que una actriz que comenzó dándose a conocer trabajando para directores de cierto rollito alternativo, autores de innegable prestigio (la Sofia Coppola de Lost in translation, los Coen de El hombre que nunca estuvo allÃ) y que luego parecÃa estar acertando al colgarse del brazo artÃstico de Woody Allen, no puede ahora limitarse a ser una estúpida chica de Hollywood.
Al menos no si pretende seguir siendo una de las mujeres importantes del cine del XXI. Cosa que podrÃa estar siendo y que, de momento, no es. Ahora mismo Scarlett es una cara habitual de los shows de la tele norteamericana y una garantÃa de pelÃcula tontuna y poco interesante, cuando ella es la protagonista.
Entre medias, una pelÃcula boba, sin ningún tipo de atractivo más allá que el de la propia protagonista, y que caerá inevitablemente en las habituales memeces romanticonas de chica torpe conoce a chico guapo.
Tiene su público, esta pelÃcula, eso desde luego. Y ellos la disfrutarán. Los demás rezamos por que alguien reconduzca a Scarlett.