Código 46 es una pelÃcula ante todo decepcionante. Su precariedad es notable, y no me vale la excusa del presupuesto. Aquà ni se intenta. Porque no basta con mostrar una ciudad tipo industrial, con sus grúas y todo eso para mostrar una ciudad futurista. Tampoco se puede dirigir una pelÃcula de ciencia ficción como esta con el mismo estilo que se dirige una de crÃtica social. Está bien tener personalidad pero los directores también deben ser versátiles como los actores. Al menos es original.
Eso por la parte que le toca a la dirección, pero quizá lo peor es el guión. ¿Un virus para aprender mandarÃn? Esto parece Matrix. Si jugamos al futuro cercano no podemos inventarnos cualquier cosa. ¿Borrar la memoria? Que esto no es “MIBâ€. Sobre todo hay que saber en que liga se juega. Que en “Dune†alguien lea los pensamientos está sobradamente justificado, que en esta pelÃcula lo haga alguien queda más que fuera de lugar, aunque sea Tim Robbins y actúe tan bien. No es la misma liga, no es el mismo deporte. Digamos que es curioso.
En cuanto al tema de las lenguas, por supuesto que habrÃa que oÃrlo en versión original (y ser inglés para entenderlo bien), pero al menos en castellano chirrÃa un poquito. No tiene demasiado sentido, aunque la idea base no es mala. Por lo menos es original.
En cuanto al tema de la genética, ya podemos ver desde el primer segundo, desde que se enuncia esa ley (más que deficiente) que no nos va a ofrecer nada interesante. Al final se trata de una simple historia de incesto involuntario, como una que se está rodando ahora en el cine español, basada en hechos reales. Las cuestiones éticas de los robos y demás son bastante endebles. Y las consecuencias de desobedecer a la esfinge, bastante inaceptables. Esfinge que por otro lado no tiene ningún protagonismo. Es coger los ambientes usuales del género (ciudades ultracontroladas, fuera viven a su libre albedrÃo los salvajes, una entidad superior en la que todos confÃan lo controla todo –véase todas las pelÃculas del género y subgénero) y usarlo levemente para contar una historia de apenas importancia.
Parece mentira que ponga tres estrellas a esto (debo admitir que justitas). Pero el caso es que es una pelÃcula curiosa, tiene su personalidad, es diferente. Además la fotografÃa sucia, la falta alarmante de maquillaje, los planos desgarrados... todo le da un toque artÃstico muy interesante. Además no resulta aburrida, y por estas cuestiones no creo que deba rebajarla a dos estrellas. El problema, tanto de director como de guionista: se equivocaron en el género.
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