Curiosamente, encuentro un tanto floja la caracterización de Javier Bardem en esos primeros minutos; por un lado le veo caricaturizando demasiado su personaje y, por otro, demuestra que no es un doblador. Es un actor fuera de serie, pero no es un doblador y esa labor deberÃa dejársela a los profesionales.
Este fragmento de pelÃcula se ve potenciado por su dilatado crescendo, que arranca con la fabulosa escena en que someten a cuestión al padre Lorenzo. Me gusta la tensión creciente de la conversación y el punto de enfermizo absurdo al que sus personajes lo llevan. Y me gusta la elegancia con que Forman decide resolverlo. Y, desde luego, las escenas de Bardem con Natalie Portman en el calabozo son breves pero poderosas.
Por último, Goya es importante en estos minutos. Forman lo quiere como un segundo plano vital, un bastón cuya materia y resistencia son realmente importantes. Y Stellan Skarsgard afronta con aplomo y solidez sus minutos.
Natalie Portman, por cierto, acaba por erigirse en la gran tirunfadora de un elenco actoral en el que Bardem mejora sustancialmente, en esta segunda parte de pelÃcula. Va creciendo, va ganando en veracidad, hasta realmente impresionar en la secuencia de su muerte. Pero me sentà realmente más impresionado con algunos de los brutales momentos que protagoniza la Portman.
En definitiva, Forman pierde el rumbo y es una lástima porque iba por muy buen camino. Aún asÃ, Los fantasmas de Goya está muy lejos de ser ese despropósito que muchos quieren ver (no entiendo la saña con que se está atacando a esta pelÃcula), es más, es una pelÃcula muy interesante.
Y un aplauso por su trabajo de documentación y respeto por todas las cuestiones artÃsticas. Perfecto.