Esta película no es sólo extraña por su título, sino también por su propia profundidad y realismo, enmarcada en un contorno de denuncia viva, en una historia basada en una historia real de la propia protagonista y cantante de hip-hop de nombre Lilibeth. Desde Colombia y hacia España, ni vista ni difundida de la misma manera en ambas tierras, pretende mostrar con entereza y sin abalorios el tema del salto del gran charco.
Para amantes del terreno movedizo de la cinematografía por lo débil de su calidad técnica, pero en una ganancia intensa en cuanto a la narración y la trama, sin dramatismos pero dramática, trata de ser ella misma, y está claro que este tipo de cine social no convence en las taquillas, así que queda relegada a menores distribuciones. Defenderla es sencillo pero atacarla también. Así, de aconsejarla a de ser a personas que busquen ahondar más en el ser humano político, en el ser humano que viaja para mejorar lejos de la simple visita turística. Lo que la verdad esconde en ese viaje es lo que muestra el film, y si eso no es suficiente ha de juzgarlo cada uno.