Pero lo que no acepto de ninguna manera es que me digan las cosas con un altavoz. Una cosa es no ser sutil y otra plantarnos una escena como la del pájaro atrapado en la iglesia. O como el ciego que, por si alguien lo habÃa olvidado, nos grita lo enamorado que está el amigo Inman. Hay otras formas, más complicadas eso sÃ, y que requieren discurrir un poco más. Me niego a aceptar que cuando por fin los enamorados pueden hablar a la luz de la hoguera, momento que debiera ser cumbre, tengan que utilizar una infinidad de palabras tópicas para expresar tan poco. ¿Dónde quedó aquello de una mirada, una rica frase? NO. Y si abordemos todos los diálogos de la pelÃcula descubriremos una falta de maestrÃa que no está a la altura de la pelÃcula. Toda esta falta de delicadeza, y sobre todo, falta de sutileza, convierten en mediocre lo que podrÃa ser una de las pelÃculas del año.
Con esto termino una crÃtica tan larga como la pelÃcula: por si me quedara alguna duda, y buscara un último detalle que desequilibrara la balanza entre lo malo y lo bueno, esa pequeña gota que siempre colma el vaso, encontrarÃa una sin duda: la banda sonora. Ni en eso arriesga Minghella, música fácil y oÃda. Lo que más me molesta de todos estos contras es que combaten con unos pros que me hubiera gustado que ganasen.