Ese siniestro comienzo, no sigue las lÃneas maestras del suspense en el resto de minutos, por lo que esa trama tan liosa y sin demsiado empuje que trata de llevarnos hacia el misterio de Miranda provoca que la niñita peleona en cuestión, un neo reprobable, se limite a decir tonterÃas y llamar la atención cuando los viajes espaciales de una tripulación demasiado democrática nos permite descansar de aventuras sin fuerza.
Si el destrozo es evidente, encima tenemos que soportar chistes de innegale estupidez por parte de un capitán que muestra su ternura con un viejo pastor que ni pinta, ni corta, ni tiene nada que decir, por mucho que quieran recordarle más tarde. Muchas excusas y párrafos forzados como para encima permitirles más alardes de batallas a velocidad de la luz.