La pelÃcula tiene muchas cosas positivas. Es difÃcil que ocurra lo contrario en un filme de Minghella. La música no brilla, pero está bien elegida, por momentos. La ambientación es fantástica, el diseño de producción, los colores, los cuidadÃsimos encuadres. Incluso la pelÃcula, en su primera parte, avanza por un camino interesantÃsimo, por una paulatina y certera deconstrucción emocional de sus protagonistas. Hay secuencias muy acertadas, y unas pocas (lástima que no demasiadas) que dejan un poso a verdad. Justo ahà donde Minghella aparca por un rato sus pretenciosos y artificiales diálogos de guionista a ratos perdidos: Cuando Law y Wright Penn se pierden en tonterÃas, en bromas, en chanzas... o cuando sus discusiones son precisamente naturales por absurdas, o por tontas, o por casi inexplicables. Son fantásticos momentos...
Lástima que se desaproveche semejante estado de gracia con la tibieza autista de un Minghella que sólo ha sabido mirar de ventanas para dentro. ¿Interesante? Desde luego. Y mucho. ¿Decepcionante? Probablemente más.