La pelÃcula, repito, era (y es) lo de menos. Abrams elaboró un machacón trabajo de difusión viral, todo un plan de marketing que deberÃa ser estudiado en las mejores universidades. En eso, lo ha demostrado, el tipo es muy bueno. Todo quisque va a ver Cloverfield, y todo quisque habla de si habrá monstruo o no, de cómo será, de esto y de lo otro.
Luego, llega el momento de sentarse ante la gran pantalla y constatar que su rollo narrativo Bruja de Blair-RECestará horriblemente justificado, que la pelÃcula será una chorrada monumental y que el monstruo estará ahà como perfectamente podrÃa estar Godzilla o una Sarah Jessica Parker gigante pisoteando Nueva York con sus zapatos-gigantes-asesinos-de Prada. O lo que fuese.