Pues asÃ, tal cual. Con cuatro añazos de retraso nos llega esta producción argentina. El auge de la cinematografÃa de aquel paÃs ha podido facilitar, quizás, su salida al mercado internacional pero, en cualquier caso, no deja de ser sorprendente que se hayan acordado de ella, a la hora de distribuirla, tantos años después.
Quizás, precisamente por eso, y por una vez, este detalle sea más positivo que negativo. Intuyo una pelÃcula distinta, seria y sobria como suele serlo el cine argentino cuando se ocupa de dramas y no de tragicomedias. Siempre polÃtico y social, siempre comprometido, siempre tan marcado por su propio espacio, contexto y pasado.
Pero repito, preocupado también por contar la historia de siempre esta vez desde el otro lado. Desde un personaje joven, a priori ajeno a ese pasado que marca a fuego el presente argentino. A priori, digo, porque esa adolescente protagonista (la joven Bárbara Lombardo) inevitablemente será el hilo conductor para adentrarnos en ese influjo pretérito.
Una pelÃcula que no busca tanto retratar la historia reciente de su paÃs, como contar el modo en que el presente y el futuro siguen siendo incapaces de desligarse precisamente de ese pasado. una pelÃcula que es una garantÃa para el espectador: ha recibido premios en La Habana, en Tolouse e incluso en San Sebastián. Una pelÃcula que para el espectador es, también, un riesgo: su director, Gastón Biraben, es debutante. Un novato. Tan novato que sus trabajos anteriores en cine fueron como... ¡técnico de sonido!
Aquà produce, escribe y dirige. Se lanza al ruedo sin haber toreado siquiera antes una vaquilla. Pero se lanza sabiéndose tres o cuatro movimientos de memoria. Y, sobre todo, muy concentrado. Pero el toro es el toro. Veremos qué sucede.