Yo harÃa una clara distinción entre la primera hora de pelÃcula y la segunda hora de pelÃcula.
La primera hora de pelÃcula me estaba gustando, pero no llegaba a encandilarme. El film arranca con una gran parsimonia, con un ir y venir de casas, de sonrisas, de cocinas, en un tipo de cine agradable, neorealista, pero carente de la fuerza que Leigh exhibió en "Secretos y mentiras". Hasta la primera hora la actuación de Imelda Staunton no pasaba de ser un rosario de sonrisas. El guión no pasaba de un buen ritmo, apoyado en una detallista dirección, todo marchaba, pero faltaba algo.
Pero es desde el momento en el que Vera Drake hace su visita fatal, desde cuando la fatalidad teje su hilo invisible, esas causas y azares que relataba Silvio RodrÃguez, que la pelÃcula me dejó pegado al sofá.
La calma y la tenacidad de Leigh en el montaje paralelo de la fiesta de celebración del enlace de Ethel y el discurrir de los acontecimientos en el Hospital. La aparición de la policÃa, magnÃficamente bien interpretados, la manera en que llega la policÃa a la casa de Vera. Es ahà donde cambia hasta la interpretación de Imelda Staunton. Todo empieza con la presentación del inspector en la sala, con un plano fijo y sostenido durante más de medio minuto en el que la cara de Vera se transforma en terror. Es en ese momento, con la habitación repleta de gente en donde todo empieza a tomar sentido, hasta el papel negro de la pared, esa sensación de claustrofobia, esas escenas rodadas en un palmo de terreno, ese interrogatorio lento e intenso en la habitación en la que la luz se vuelve dura, nórdica, frÃa, esa nieve en la calle.
El tercer ENORME momento de la pelÃcula tiene lugar en la comisarÃa, cuando el inspector manda pasar al marido de Vera para que le cuente lo que realmente sucede. En un plano secuencia, la cámara hace un lento zoom a Vera y su marido, dejando a ambos márgenes a la policÃa y al inspector. El plano se va cerrando a la vez que el silencio de Vera y sus sollozos se hacen más largos. El Inspector rectifica su posición para quedar entre Vera y su marido, y la cámara sigue acercándose hasta que Vera decide acercarse al oÃdo de su marido, tapar la oronda figura del Inspector y decÃrle a su marido al oÃdo, de manera imperceptible lo que ya sabemos. PURA GLORIA CINEMATOGRÃFICA.
Pero Leigh sigue deleitándome con la utilización de la elipsis. Resuelve ese difÃcil momento de cualquier guión: contar a todos los personajes lo que el público ya sabe. De ahà que lejos de machacar lo utilice para aportar. El marido se lo cuenta a su hermano, para terminar de arrojarnos luz sobre esa relación fraternal, que se habÃa apuntado en dos escenas de garaje. No obstante, Leigh evita mostrarnos el momento en el que se lo cuenta a sus hijos.
Y, por último, me quedo con el plano final de la pelÃcula. AsÃ, sin más, acaba. Valiente, sÃ, señor. Atrás deja un socorrido y peligroso deseo por querer mostrar los inicios de Vera en ese menester. Lejos de explicarlo con el altavoz te lo apunta en una anodina conversación de alcoba con su marido sobre su padre y con un sollozo en una pregunta del interrogatorio.
En resumen, una primera hora que linda las cuatro estrellas; y una segunda hora en la que se me disparan todos los pilotos. La media y lo justo es premiar este pedazo de celuloide con mis humildes 5 ESTRELLAS.