Aunque no sea de mi agrado, el mejor Van Sant se encontrará en las historias personales, viciadas, sucias y obtusas con las que ahora vuelve a insistir. Le intuÃa vacuo y sibilinamente pretencioso en Last days, pero aquà le veremos con su original soltura y naturalidad. Sin color, sin respeto por la gran masa, sin rostros conocidos. Ese Van Sant que cuenta historias porque quiere, porque son sus historias -por mucho que se base en un texto autobiográfico. Ahora nos llega la que fue su primera Mala noche, un trabajo de 1985 que por arte y gracia de la moda de las redistribuciones viene a demostrarnos que, sÃ, siempre ha querido ser un grano en el culo para mucha gente.
Seguramente no contará con mi aplauso, como casi siempre, pero al menos tiene una voz propia e intransferible que, ojo, tiene sus seguidores y entregados defensores. Me consta. Eso es mucho. Muchisimo.