Los precrÃticos tuvimos recientemente la oportunidad de disfrutar de A cock and bull story (entre otras muchas pelÃculas), esa exquisita rareza firmada por Michael Winterbottom, en uno de esos encuentros autoalimenticios y de brutal régimen peliculero que damos en llamar Finde PrecrÃtico. Fue una de las más interesantes sorpresas de cuantas allà se vieron, al menos en la opinión de quien les escribe.A Winterbottom -dios quiera- ya le conocÃa. Por ahà pulula mi postcrÃtica de 9 songs, su particular flirteo con el porno light, y todavÃa recuerdo con agrado mi primer contacto con su cine, 24 hour party people, hace ya algunos añitos, en el Festival de San Sebastián. Es un tipo interesante el amigo Winterbottom, creo que todavÃa le falta un puntito de personalidad para crecerse como el autor que puede llegar a ser y que en el fondo es, aunque él mismo sea aún su mayor barrera.
¿A santo de qué viene esta rajada? Sencillo: Sigo sin verle un estilo o al menos unas querencias o intereses que se manifiesten, si no en todos, en la mayorÃa de sus trabajos. Me da la sensación de que quiere tocar todos los palos, demasiados. Y su autorÃa, su palabra, se diluye. Casi siempre acaba por regalarnos muy buenas pelÃculas, pero es una lástima: Más centrado, podrÃa llegar a más.
Veremos a dónde llega con Un corazón invencible, en la que parece querer recuperar la senda comprometida de Camino a Guantánamo, de la mano de una estrella yanki a la que le encantan los saraos solidarios: Angelina Jolie. Es una apuesta interesante, él es siempre interesante, pero creo que su cine no va por ahÃ. Asà que dejémosle que vuelva a demostrar su buena mano en terreno pasajero, una vez más, pero recemos por que, más pronto que tarde, vaya centrando su mirada en lo que de verdad le interesa. Sea lo que sea.
O, a lo peor, es que le interesa absolutamente todo. Mal asunto, ese.