El eterno arranque del policÃa, en este caso negociador, que sufre una muerte de la que no puede evadirse en un remordimiento hiriente, me resulta digno, pero si mantiene un dolor compaginado con la evolución de su personaje durante las escenas que le hagan superar el trauma. Lo que es cierto es que esta evolución no se da, y tan pronto le duele mucho como que no se acuerda, aderezado de un dramatismo total ante la idea de la muerte de su familia. En ningún momento, ni siquiera cuando recupera a su familia de forma presumible, la interpretación está a la altura de la presión como en cientos de pelÃculas en las que esta actitud se muestra al menos digna.
Pero además de todo esto que ya de por sà deja bastante de desear al respecto de la calidad del film, los derroteros del guión viajan hacia tres infelices demasiado jóvenes para ser malos secuestradores que no mantienen el tipo, una casa que parece de pánico y un par de niños sin demasiada chispa secundados por un padre lento y poco gesticular que parece ser un mafioso más bien estúpidamente necesario para los malos malosos de turno.