Vince Vaughn, o como cojones se llame, es el secundario cachondo perfecto. Ni un pero. Está ahà mejor puesto que un condón en el botiquÃn de emergencias de Nacho Vidal. Es la pieza perfecta para hacer que la historia chorrona vaya encontrando el apoyo en esta o aquella parida bien dicha. Con gracia y sorna. Como tiene que ser.
Me encanta la idea de que ese matrimonmio que ya no funciona, sin pasión ni deseo, al descubrirse sus verdaderas identidades (que les obligan, por peligro profesional, a eliminarse mutuamente) poco a poco vuelvan a sentirse atraÃdos fÃsicamente, sexualmente, el uno por el otro, al ver al verdadero animal que el otro escondÃa. Me encanta. Pero el peligro de que la pelÃcula se hunda llega cuando ambos finalmente sucumben a la tentación y eligen el beso antes que el disparo, el polvo antes que la muerte, y unen fuerzas contra el enemigo.
Se jodió, piensa uno. Ahora llega la traca final de estos dos liándose a tiros contra los malos malotes. Y de hecho la cosa arranca asÃ. Tampoco es demasiado aburrido pero la confirmación de lo que uno acaba de pensar te lleva a una segunda sentencia: "Lo que me esperaba". Pero... ¡sorpresa final!
La acción es lo de menos, los muertos, cuántos caen. Da igual. Lo importante es que cada uno (como la Jolie decÃa) no querrÃa estar, a estas alturas, en otro sitio más que al lado de su pareja pegando tiros como un salvaje. Y como se quiren y cuánto se gustan. Precisamente por eso.