Crítica de la película Miel de naranjas por Iñaki Ortiz

Algo diferente pero fallida


2/5
29/05/2012

Crítica de Miel de naranjas
por Iñaki Ortiz



Carátula de la película Miel de naranjas comienza caminando por una línea distinta, original. El becario que arrastra su máquina de escribir, ese señuelo que resume el rol absurdo de la burocracia en cualquier dictadura. Es significativo que sea precisamente este comienzo el que se apoye en unos hechos reales. La vida, casi siempre tiene una complejidad más rica que la de la ficción. Los derroteros por los que marcha después la película son algo más forzados, menos creíbles y sobre todo muy previsibles. Pocas giros sorprende o impactan.

Eso no quiere decir que el film no consiga algunos momentos buenos, que por su crudeza y su sencillez, resulten interesantes. Las ejecuciones, en bruto, sin adornos dramáticos, al contrario, con el contraste de las conversaciones banales (al más puro estilo Tarantino, si se quiere algo exagerado). La relación entre el personaje de Eduard Fernández y el de Carlos Santos - que son los dos intérpretes más afinados- además de derivar en un conflicto intenso, aporta las dimensiones necesarias a los personajes de ambos bandos, para evitar caer en los buenos y malos que tan habitualmente se dibujan en este tipo de películas (véase, La voz dormida). La chispa de Karra Elejalde, aunque a veces exagerada, lubrica un guión que de otro modo sería algo más gris.

Por lo demás, una película que no termina de sacar el partido que podría a sus coqueteos con el noir o el thriller. Tampoco lucen demasiado los guiños al cine. Una dirección con demasiados lugares comunes y un desarrollo involuntariamente novelesco, hacen de esta una película fácilmente olvidable.



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