Crítica de la película Origen por Romulo

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4/5
09/08/2010

Crítica de Origen
por Romulo



Carátula de la película Vaya por delante que Origen es una muy buena película. Le planto cuatro estrellas convencido de ser la más justa valoración que puedo otorgarle. No creo que deba encender la quinta estrella, pero para huir de polémicas aclaro ya que tampoco está en esa cuarta estrella de manera ajustada. Va sobrada. Pero tampoco merece más.

Los méritos de Origen son muchos. Es larga y, salvo en su tramo final, uno jamás se siente cansado, como espectador. El diseño visual de la película es intachable, si bien es quizá demasiado Nolan. Plano, en este sentido. A menudo uno empieza a tener la sensación de que estamos ante una prolongación del frío estilo visual (hablo de escenarios, de puesta en escena, de luz y color) de El Caballero Oscuro. pero sigamos con los méritos.

Uno importante: Nolan por fin ha aprendido a rodar acción, algo que mi compañero Hypnos le pedía, con buen ojo: Y lo ha hecho porque se ha dado cuenta de que el método más directo y aparentemente simple es siempre el más eficaz y, a la vez, el que más luce: plano-contraplano, en ocasiones (peleas, por ejemplo); primer plano del sujeto y salto al punto de vista del mismo (como ya nos enseñó a todos Hitchcock, para tantas y tantas situaciones de tensión, suspense, misterio, intriga, duda, descubrimiento, persecución).

Y la virtud más importante. Nolan tiene una gran idea, la tenía desde hace años, desde tiempos de Memento, y como afirma su protagonista, ha arraigado en su mente y no ha parado hasta plasmarla en película. Y la idea es buena. No sólo porque, como tal, entrar en el terreno de los sueños es ya atractivo siempre que sea bien (e inteligentemente) tratado a un primer nivel (argumento, tratamiento, guión), sino porque Nolan acierta en el segundo nivel (innovación: ladrones de mentes evolucionados en algo más, en implantadores de una novísima idea ajena al individuo en su centro mismo: su subconsciente) y en el tercero (tratamiento visual de esa realidad no-real: es decir, de cómo un espectador consciente va a ver algo que debe presentársele como onírico-subconsciente).

Desde la génesis de la idea hasta su plasmación visual, pasando por las poderosas ansias de Nolan por hacer algo distinto, Origen se convierte ante todo en una demostración de poder. Además, afortunadamente, el director y guionista demuestra durante gran parte del metraje que conoce, domina y tiene en cuenta todos los detalles de esa idea nuclear que tiene en mente. Es importante, porque así, durante minutos de duda (necesaria) por parte del espectador, éste tiene la sensación de encontrarse ante un conjunto sólido que no oscila y duda junto con él, sino que puede agarrarse a ese sueño, a esos niveles de sueño, para dejarse llevar e ir descubriendo.

Entonces, ¿qué problemas hay? Varios. Repito: Origen es una demostración de fuerza. Pero jamás de tacto o sutileza. Le ocurre a Nolan, y a su película, lo mismo que a la banda sonora de Hans Zimmer. Quieren machacar. No hay lugar para el descanso, para la lírica, para el susurro. Todo debe ser más grande, incluso un personaje lo deletrea, casi: "No hay que tener miedo a soñar en grande" (antes de sacar a pasear poco menos que un bazoca). Nolan apostó por ese camino con su nuevo Batman, y con Origen ha tirado por la misma vía: Ese Bigger than life tan hollywoodiense, más viejo que las estrellas de su firmamento. Es precisamente el camino por el que Hollywood siempre supo que no tenía competencia alguna. Atacar apostando siempre, ¡siempre!, a grande.

En cualquier caso, esto es una apuesta de estilo de Nolan, y aunque en ocasiones me parece un puntito excesivo (un puntísimo excesivo si hablamos de Zimmer; uno entiende ahora que Nolan preferiese que colaborara con Newton Howard para "suavizarle" en la saga de Batman), hay que aceptar que ésto es Nolan. Hacia ésto ha venido evolucionando y es exactamente en lo que se ha convertido, como creador.

Sí me ha resultado decepcionante el tramo final, que es justo cuando la misión se convierte solo en eso, en una "misión de película"; o en una "película de misiones". Tan pronto como llegamos al tercer nivel y la acción avanza lo justo, cada uno de los niveles se convencionaliza. Todo se traduce en un rutinario montaje paralelo en el que, en cada nivel, vemos lo que tenemos que ver, lo que esperamos ver, lo que sabemos que va a suceder con todos y cada uno de los personajes. Una película de robos. O una de espías. Una misión en la que todo va a salir bien (porque incluso, al final, ese posible frente de acción de verdad interesante que teóricamente queda, Di Caprio convencido de avanzar un nivel más para salvar a Watanabe, se ha ocupado Nolan de torpedearlo al haberlo convertido en errónea introducción a la película). Es decir: Su dilatadísimo desenlace arranca realmente bien hasta que llega al tercer nivel y, a partir de ahí, comete el peor error posible para Origen: Aburre por convencional. Y no es poco rato.

Antes de cerrar, repaso obligado a los actores, bien capitaneados por un Di Caprio intenso, como de costumbre. El resto de personajes no lo son tanto, más bien utensilios planos en las manos de Nolan, que más que actuar les pide presencia, y se la dan con creces, empezando por el episódico Michael Caine (no necesita más que una escena para funcionar), el imponente Ken Watanabe o un Cillian Murphy que siempre transmite decenas de encontradas sensaciones. Funciona por pura (y turbia, al tiempo) presencia animal.

Sea como fuere, ésta es quizá la mejor película de Nolan... o dejémoslo en una de las dos mejores. La más sólida, al menos, aunque con menos brío y personalidad que El Caballero Oscuro.




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