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Crítica de la película Sauna por Sherlock

Los fantasmas de la guerra

Crítica de Sauna
por Sherlock

4/5
11/11/2008
Esto es una postcrítica. Aquí puede aparecer cualquier detalle sobre la trama. La idea es que el lector ya haya visto la película. En caso contrario, recomendamos leer la precrítica. (¿Qué es una precrítica?).

Carátula de la película Casi siempre, los fantasmas en el cine, en el arte en general, e incluso en la psicología colectiva, son una representación de los recuerdos más penosos y los traumas alojados en lo más hondo de la mente de los personajes. Incluso en las películas que más se mueven en el género puro, suele haber algo de esto. En Sauna, evidentemente, representan los remordimientos de unos personajes corrompidos por la brutalidad de la guerra. Toda la crueldad que ejercieron en la impunidad de los tiempos bélicos, ahora en los primeros momentos de paz empiezan a pasar factura.

Esta es la interesante motivación que hace funcionar una película de cuidada factura y un ritmo muy personal. Escapando del esquema orientado a potenciar el grito entre el público, Sauna se presenta como una coherente película afincada entre el drama y el terror. Con tiempo para mostrar un plano de arroyo que servirá para abrir y cerrar el film de manera muy gráfica. El agua y la sangre. La acentuación de los puntos relevantes de la película no se distribuye por la inercia del género sino por la elección personal del propio autor. Consigue una narrativa sólida a la vez que diferente.

Uno de sus mayores virtudes es la ambientación. La presencia de los personajes tiene mucha fuerza, en parte por la presencia de sus actores y en parte por el vestuario y caracterización. Ville Virtanen, con esas lentes y esa ropa consigue una potencia fabulosa.

Una atmósfera de misterio y lirismo muy bien conseguida, una suciedad que hace destacar el pueblo fantasma. Una sauna en pleno lago que será toda una puerta a otro mundo. La imagen es impecable.

Una vez más, el cine nórdico, demuestra que está en plena forma, que es muy elegante y que se atreve con cualquier género, aunque, al igual que ocurría con la sueca Déjame entrar, en esencia toda la fuerza descanse sobre un drama. En ambas, el género no es más que una herramienta, una forma de expresión y no un fin en sí mismo. Dos películas refrescantes que, sin duda, han salvado la semana de terror de San Sebastián de este año.

Sauna en festivales: Festival de terror de San Sebastián 2008

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