Crítica de la película 1408 por Iñaki Ortiz

Pesadilla clásica, sueño moderno


4/5
30/10/2007

Crítica de 1408
por Iñaki Ortiz



Carátula de la película Sin duda, el mayor mérito de esta película es mantener el interés del espectador cómodamente, utilizando para ello una serie de mecanismos completamente desfasados. La habitación maldita, las apariciones, los cambios de los objetos, los fantasmas. Todos ellos elementos en desuso desde hace unas cuantas décadas porque el público, más que acostumbrado, había dejado de sentir tensión hace ya tiempo. Hoy en día se necesitan golpes mucho más contundentes y, sin embargo, está claro que la película funciona con su cine de terror clásico. Para mí esto indica un talento muy meritorio. Se parece mucho a una película mala y trillada, y sin embargo, es una buena película con muchas virtudes.

Una de las bazas fuertes de la película es John Cusack, quien, exceptuando algún momento de despiste, transmite con efectividad toda la impotencia de una situación imposible. Primero, es capaz de construir ese personaje cínico y aparentemente vacío, para luego hacernos vivir la pesadilla con él. Muy bien. Samuel L. Jackson tiene pocos minutos, pero su presencia es inmejorable. Nos presenta el terror que acecha en la 1408 con elegancia y precisión.

El director, Mikael Håfström, consigue un ritmo frenético y aprovecha cada rincón de la habitación. Rueda numerosos planos de detalle de cortísima duración, a un paso de lo subliminal, que ayudan a enriquecer la carga psicológica. Sitúa la cámara siempre en el punto de mayor vulnerabilidad maximizando la tensión, lo cual no es siempre fácil; y sobre todo, sabe crear una atmósfera asfixiante digna de la pesadilla kafkiana que supone la película. Ayuda la fotografía de Benoît Delhomme, que sabe ser inquietante sin necesidad de ser siniestra. Además es una imagen muy atrayente, la película primero entra por los ojos. La imaginación visual del director nos regala brillantes momentos como el del "espejo" al otro lado de la calle, la fachada sin ventanas o los obreros derrumbando las paredes que le devuelven al infierno de la habitación, entre otros muchos despliegues de efectismo visual. Una vez más, psicológicamente muy efectivos.

Todo lo comentado, intérpretes, dirección, fotografía, así como todo el aspecto técnico de montaje, sonorización y demás, hacen de esta una película de calidad, con muy buena factura y muy efectiva. Pero donde realmente se la juega es en el guión. Yo creo que se la juega y gana.

Para empezar, es tramposa. Nos presenta al comienzo la escena del accidente de surf, para que el espectador, cansado ya de finales de protagonistas muertos y sueños agonizantes, se ponga en lo peor. Es por eso que en el primer falso final nadie debe sentirse engañado, porque ya desde el principio nos avisan que todo puede ser un sueño en la agonía después del accidente. Hasta ahí, y siguiendo esa norma la película funcionaría y tendría sentido en su aspecto psicológico, pero los guionistas no se conforman con ese final. De hecho, es Stephen King el que no se conforma y prefiere un final más a su estilo, donde un objeto resaltado se vuelve clave (la botella en este caso) y el protagonista consigue su objetivo aplicando la lógica dentro de un universo exento de ella, aferrándose a lo único ajeno a ese universo que puede encontrar. Aún con las percepciones inutilizadas su mente puede seguir razonando de la misma manera, la botella no deja de ser una representación de su mente. Esto está muy bien, pero la escena del accidente en la playa termina siendo tramposísima, pues su única finalidad es despistar al espectador con el primer final, no hay otra motivación. Aun así, me parece aceptable.

Es difícil analizar las claves que hacen que esta película, a pesar de sus recursos clásicos, se diferencie del resto. El mérito está precisamente en que esta virtud no es tan evidente y responde básicamente a un guión trabajado al detalle. Artesanal y no industrial como la mayoría del terror actual. Por alguna razón, y salvo en momentos contados, no cansan los continuos intentos de escape, porque poco a poco y de una manera u otra, la situación psicológica va cambiando y por tanto el planteamiento es distinto. Se van superando diferentes estadios de confusión, de hundimiento de la consciencia a un ritmo milimetrado.

Por supuesto es esencial que aquello que el público ya toma a broma (habitaciones malditas, fantasmas…) el propio protagonista lo ridiculice, este es un recurso muy  utilizado y muy práctico. Uno no puede reírse de la ingenuidad de la situación cuando ya lo hace el propio personaje. Todo este cinismo y los diálogos muy cuidados de Cusack con Jackson consiguen que el espectador se  adentrarte con calma en la tensión.

Los problemas internos del personaje no son nada del otro mundo, pero encajan a la perfección explicando su exagerado escepticismo y motivan su transformación psicológica dentro de la 1408.

Una mirada moderna y talentosa a un material trillado que muy fácilmente podría haber terminado en fracaso. Es difícil poder disfrutar de una pesadilla sin sentirse agredido por un guión para idiotas. Se agradece conseguirlo de vez en cuando.



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1408 en festivales: Festival de Locarno 2007 , Semana de terror 2007




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