Lo primero. Amenábar es un talento prodigioso. El cine corre por sus venas. Lo mismo rueda el silencio que el ruido, una mirada que un aplauso, un abrazo que una despedida. Y todo lo hace con un sello inconfundible, con una marca de inconformismo visual y de una enorme inteligencia.
Lo segundo. Bardem es un monstruo de la interpretación. Un inconformista que siempre va más allá, que no se conforma con papeles sencillos, con recoger los frutos de su fama. Su composición de Ramón Sampedro es prodigiosa. Tanto, que me animo a predecir que compartirá nominación a los Oscars junto con Tom Cruise.
Lo cuarto. Con una gran diferencia, la escena en la que se nos narra cómo quedó paralÃtico Sampedro es lo mejor de todo el film. Un acierto de guión, montaje y de dirección.
Lo quinto. La dirección artÃstica está acertadÃsima al plasmar con gran perfección el entorno rural de Galicia.
Hasta aquà ha llegado mi agridulce. Y si todo el mundo cree que los tiros de las superproducciones de tÃo Dollar son imposiciones de la industria; los puñetazos al lacrimal, lo son de la industria del Tito Peseta (que para algo se diferencia del resto de europeos).
Ovacionada en su presentación en Venecia, la pelÃcula de Amenábar ha comenzado su recorrido adentro, el que le llevará a la fama, premios y aplauso unánime.