Nos encontramos ante el tÃpico producto de imitación. Cuando existe una fuerte corriente es lo que suele suceder, entre obras sinceras parecen otras que son algo asà como falsificaciones, y para mà este es el caso de "Thumbsucker".
Y podrÃa no ser malo esto. PodrÃa quedarse con una nota media de buen imitador. Algo asà como la gula del norte. Pero no, por una razón: aunque Mills ha sabido imitar muy bien las formas le ha faltado sabe imitar la esencia.
Para colmo tenemos un guión que viaja a trompicones y que no tiene unidad alguna. ¿La historia de un joven que se chupa el dedo? SÃ, en los primeros veinte minutos. Claramente el guionista no es capaz de sacar adelante la historia con esa premisa que queda recluida a la campaña de marketing. Otra de las peores cuestiones imperdonables es la absoluta falta de humor, ya sea explÃcito o soterrado, que requerÃa una historia asÃ. Aunque se busca la sonrisa en varios puntos se demuestra una sosez extrema y una personalidad gris tras el libreto.
Las buenas actuaciones, la maravillosa banda sonora de Tim DeLaughter, el entretenimiento suficiente o las crÃticas a la tendencia pastillera de la educación americana, no son suficientes para levantar una pelÃcula con un guión mortalmente fracturado, con unos personajes que son marionetas sin alma y que se trata de una imitación que no ha sido debidamente disimulada donde el humor brilla por su ausencia.