Parece que Resident Evil, en su tercera entrega, ha encantado a algunos de mis compañeros. Encantado, matizo, dentro de la bazofia que todos esperábamos que iba a ser, y que es. Incluso Sherlock, el que peor nota le habÃa dado, resulta de lo más blandito y condescendiente en su crÃtica.
Eso por no hablar del más que previsible malote. A uno no le molesta ya que sea previsible. Antes de que comience su transformación todos sabemos que ese momento llegará, y que acabará convertido en el supermonstruo definitivo al que se enfrentará Milla Jovovich. El problema es que el personaje es tristÃsimo, lamentable, un villano de tres al cuarto al que sólo con ponerle un rostro algo más potente hubiera bastado para mejorar notablemente. En lugar de eso tienen un mindundi de mandÃbula cuadrada.
Y teniendo en cuenta la absoluta ausencia de coherencia narrativa, que la guapa de Milla vaya reapareciendo en escenarios que vimos en las pelÃculas anteriores de la saga... pues sinceramente me la trae al pairo.
Una tonterÃa para ver, si coincide, mientras terminas con esos papeles del trabajo que te has llevado a casa.