Para empezar, he de reconocer que no la he visto en la mejor de las condiciones de proyección, digamos. Esto, desde luego, y más tratándose de una pelÃcula como esta, influye. Por eso me ha sorprendido gratamente entrar tan fácil en la historia, aceptar tan sencillamente las reglas del juego que impone Shyamalan, a pesar de lo fantástico de sus premisas.
El acierto de Shyamalan está en no pretender eludir ese posible problema enmascarándolo. SerÃa burdo y, por supuesto, inútil. El director de El sexto sentido da el paso correcto al jugar a evidenciar, precisamente, esas claves y el rol que cada personaje cumple y convertirlo, incluso, en una de las propias claves de su trama. Ahà están ejemplos claros como el personaje del crÃtico de cine (una patadita a este gremio que, no quiero pensar mal, espero que no tenga nada que ver con la frÃa acogida crÃtica del filme en los Estados Unidos).
En cualquier caso, ese andamiaje tan marcadamente subrayado está ahà desde el primer minuto y, hasta que se descubre por donde marcha el juego, uno lo nota e incluso se siente un tanto molesto. Es quizás el problema (inevitable, probablemente) que genera la propia naturaleza de la pelÃcula.
Más allá de esto, es cierto que de nuevo Shyamalan bordea el precipicio en una o dos secuencias. Esa escena con la ninfa leyendo el pasado del personaje de Giamatti está a punto de convertirse en un telegrama express para acabar de construirnos el personaje. Tiene una peligrosa manÃa Shyamalan en creer que puede enriquecer sus historias con personajes hundidos en el trauma, con familiares muertos en accidentes y demás, depresivos que pierden la fe y que necesitan de una buena historieta made in Shyamalan para reencontrarse con dios. ¡Señor director, deje de preocuparse por engordar sus pelÃculas con esas tonterÃas! Ganará usted, y ganará la pelÃcula.
Entiendo, por ir terminando, que haya gente que no entre en esta rareza, en este cuento de hadas que se cuela en un mundo donde parece que la magia y la fantasÃa no tenÃan ya sitio. En el peligro infinito que los personajes de fábula afrontan al entrar en contacto con este mundo negro y perdido. Es una apuesta extraña, más que complicada. Pero, a mÃ, Shyamalan me ha ganado, me ha atrapado y me ha lanzado de lleno dentro de su piscina.