Es una rareza, The Host. Lo es porque las apariciones del monstruo (más frecuentes en la primera hora de pelÃcula) y el resto de las aventuras de los personajes de la pelÃcula tienen un tono radicalmente diferente. O quizá no tanto, pero al menos si hay una diferencia más que perceptible.
Además, aunque esas aventurillas tienen su punto entretenido y a menudo cómico, son evidentemente menos interesantes y harto más flojas que las escenas destinadas directamente al protagonismo de la criatura. Por supuesto deparan alguna que otra escena brillante (la huÃda del hermano universitario de unas oficinas plagadas de perseguidores, por ejemplo), pero insisto en que el verdadero talento de Joon-ho Bong luce en los ataques del monstruo.
Y la verdad es que cada aparición del asqueroso bicho del rÃo demuestra una capacidad visual, una belleza de planficación y una fuerza de montaje realmente brillantes. Momentos como el intento de la niña de huir por esa "cuerda" (fabricada con ropas) del agujero donde el monstruo la tiene, quedando todo en suspense (nosotros incluÃdos) hasta darnos cuenta que la niña se sostiene en el aire sin agarrarse a las ropas... porque el monstruo la ha rodeado con su tentáculo... Momentos asÃ, decÃa, son de una belleza a la par que un poderÃo realmente aplastantes.