
Para quien como espectador, en su juventud, creció descubriendo fascinado -entre otros géneros- el film noir más clásico, el fallecimiento de Lauren Bacall evoca sin paliativos a un tiempo de mitos, de rostros y cuerpos que poco tenían de humanos, y todo de leyendas, casi de dioses, de "más estrellas que en el firmamento". Curioso, hoy disfruto con lo que se dio en llamar neo-noir pero me cuesta recuperar algunos de aquellos títulos, especialmente los heredados de las novelas de Chandler o Hammett. Han envejecido mal, me temo. No me ocurre con otra joyas del género, como Perdición, de Wilder. Atraco perfecto, de Kubrick. Los sobornados, de Lang. Y otras.
Es, en resumen, el private eye. Los primeros pasos de este subgénero se me hacen un poco áridos de recuperar, y por eso he preferido dejar muchas en el recuerdo de su primer visionado, con lo que varios de los más jóvenes trabajos de Lauren Bacall los mantengo bajo esa niebla, distanciada pero embellecedora.
Pero su perfil sin falla, su personalidad arrolladora y provocadora, sus largos centímetros de sobra por encima de Bogart... esa imagen conforma una estampa imborrable, un símbolo de una etapa como espectador -tirando por lo personal- y de todo un arte, el Cine.
Descanse en paz.

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