Turno de Spielberg. De la mano de una partitura de John Williams que no esconde su condición de puro homenaje a aquellas viejas, juguetonas y maravillosas bandas sonoras que compusiera Henry Mancini, el tío Steven consigue de su equipo particular unos créditos iniciales que no sólo funcionan como resumen de la propia trama que a continuación se nos cuenta, si no que adelanta la clase y elegancia de otra época que intentará conferir a la narración, con una dirección suave y directa a un tiempo.
Di Caprio y Tom Hanks, representados por esas fantásticas siluetas, siempre huyendo uno del otro; y ese chasquido... tanananan, tanananan, ¡chssss!
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