Con el inicio de año comienzan las elucubraciones, las cuentas, y las estadísticas del año anterior. En la industria del cine español, por llamarla de alguna manera, también se suceden este tipo de cifras, laureadas cuando son buenas y no tan laureadas cuando no lo son. Todos contentos con las de este año. Supera el récord del 2004, ¡qué bien!.
Es indudable que los éxitos comerciales de este pasado año ha aportado muchos espectadores, pero lo que me gustaría saber es si las películas estadounidenses, sobre todo, han aumentado su recaudación de la misma manera. Si esto es así seguimos de la misma manera precisamente, y a la misma velocidad. El laureado ya no sería tal.
Por otro lado, sin ser yo el enemigo del cine comercial y ligero, sí que me gustaría darle un azote, el que siempre le he querido dar, sobre todo cuando se sale de sus cifras y público, y se hace en demasía, repetitivo y cansino. El de Hollywood por su puesto que se pasa de pesado, el de aquí parece que básicamente lo justo. Las malas no las veía nadie, y las que ahora se ven han sido pocas y bien distribuidas. Véase, Fuga de cerebros, Mentiras y gordas, Spanish Movie o Pagafantas (esta es un poco mejor pero también buscaba solo taquilla).
Y digo comerciales porque no buscan un rito de buen cine o buenos personajes, buscan tan solo taquilla señores. Y esto no es malo, solo pido que no se convierta todo el monte en orégano, que este éxito no haga proliferar con la misma fórmula veinticincomil producciones pasadas por el troquel. Unas cuentas, las necesarias para desbancar a las miles de películas malísimas que forman el imperio de comercial, mal dicho, americano. Yo prefiero el mal cine de aquí que el de allí, y que se piense lo que se quiera, pero el trabajo para los miles y muchos más de profesionales de lo audiovisual que pululan a duras penas por el país, pudiendo hacer verdaderamente una industria fuerte que se consuma sin problemas.
Ya sé que éste es otro debate. Poco dinero y poco riesgo, malas películas. Poco dinero y algo de riesgo, películas curiosas e interesantes. Dinero (y no digo mucho) y riesgo, nuevos valores. Nosotros también sabemos hacer el cine decente que se nos impone en las salas. Que las distribuidoras (las más grandes que se lo comen todo) se atrevan a influenciar en esto, a prometer que la distribución
será. En pocos años, el ver un director anglosajón y el ver un director latino no sería un problema para el espectador medio, pero si no se hace el esfuerzo, al final nos compraremos el único plátano del mercado, habiendo los que hay en variedad y geografía.
Películas como Celda 211 o Gordos por ejemplo, han demostrado tener fuerza para liderar, han demostrado gobernar un lugar muy propio de la zona y no tiene que envidiar a las antes mencionadas rodadas en Idaho o Alabama. Ágora y Mapa de los sonidos de Tokyo tienen nivel y otras muchas el suficiente para competir, pero hay que ayudarlas a salir del cascarón, como a los nuevos directores y sobre todo, y digo en mayúsculas, guionistas. Los más importantes en ese intento de nueva era.
Así, de esa manera, espero que el año que viene volvamos a celebrar las cifras. Veamos como lo nacional se hace firme y el resto es valorado en su justa medida y no voluntariamente guiado por un marketing y una publicidad injusta. Pero esto es baladí. Simplemente con el número de salas en las que se proyectan unas y otras la cosa se ve claro. Por esto pienso que puede ser una excepción, aunque desee con todas las fuerzas seguir quejándome de lo comercial taquillero un año más para con los films españoles.
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