Un ejemplo de la grandeza de Cannes. El mismo dÃa se podÃa optar entre aguardar a LA pareja del celuloide, formada por Brad Pitt y Angelina Jolie, o degustar cine con Gus Van Sant.
El director presentó Paranoid park, una pelÃcula que gustó, pero que no entusiasmó, y que sigue la lÃnea marcada con Elephant, con la que se llevó la Palma de Oro en 2003. Otra buena muestra de su maña para dirigir actores no profesionales, aderezada con un trabajo encomiable del camarógrafo Doyle (habitual de Won Kar-Wai) en los planos secuencia que Van Sant dedica a los skaters.
Seidl y su Import/Export removió conciencias e intentó transmitir su pesimismo vital a través de unas formas pretendidamente duras y desgarradoras que se encontraron con una buena dosis de frialdad por parte de la prensa convencional desplazada a La Croisette.
Jaime Rosales presentó La soledad, una pelÃcula dura y sin concesiones y que según Oti RodrÃguez-Merchante, acaba confluyendo su camino con, nada más y nada menos que, Ordet, de K.T. Dreyer.
En la Quincena de los Realizadores, otra pelÃcula de riesgo, Zoo, basada en unos hechos escabrosos de los que los rotativos se hicieron eco hace ya algún tiempo. Gustó.
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