3 películas entre la ficción y la realidad


03 de Diciembre de 2010
por Iñaki Ortiz

Se acerca el próximo Finde Precrítico (los críticos de Precriticas.com nos juntamos dos veces al año para atiborrarnos a películas durante un fin de semana, cada uno elige 3 que considere puedan ser interesantes para sus compañeros). Esta vez, he elegido un "pack" de no-ficción. En el reciente Festival de San Sebastián hemos tenido un ciclo de los nuevos caminos de la no ficción. En muchos casos (y en concreto en mis tres elecciones) son películas en las que se incluyen elementos tanto de ficción como documentales. A veces es difícil determinar el género (documental o no) de algunas películas.

Fraude (F for Fake) 1973

Orson Welles

 

FraudeHablamos aquí de una película de 1973, por lo que podemos decir que es un acercamiento al documental bastante innovador para su época. Algo que no sorprende demasiado tratándose de Orson Welles, un director ya acostumbrado a incluir nuevos conceptos.

A través de un uso deliciosamente tramposo del montaje -un montaje con un ritmo imparable- y de otros juegos técnicos, Welles construye a su modo una narrativa de ficción sobre imágenes documentales. Utiliza la forma para contar su propia historia o contar la misma historia pero de otro modo. Intercala imágenes de diferentes grabaciones para conformar una escena abiertamente falsa, que sin embargo representa una verdad, a modo de documental ficcionado.

Desde el principio nos lo presenta abiertamente como un juego de manos, reforzado por la dualidad director - mago que nos quiere remarcar desde el principio. Esta es una película que principalmente se plantea cuestiones relacionadas con el formato documental/ficción, realidad o fraude, pero también plantea cuestiones sobre el valor de una obra de arte, la copia y la verdad que reside en las falsificaciones.

 

Orson Welles en Fraude

Pesadilla en Elm Street 7: La nueva pesadilla de Wes Craven (New Nightmare) 1994

Wes Craven

Pesadilla en Elm Street 7Wes Craven creó el famoso personaje de Freddy Kruegger en 1984. Con él quería adentrarse en los arquetipos más básicos del miedo, los que habitan en el inconsciente colectivo, influidos por siglos de cuentos de miedo y terrores irracionales. Pero al mismo tiempo creó un rentable icono del cine de terror que trajo 5 secuelas más en las que no participó el director (salvo levemente en el planteamiento de la tercera). El personaje caminó por derroteros circenses y de espectáculo fácil. Después de que en la sexta película el personaje muriese de forma supuestamente definitiva (y algo decepcionante), Wes Craven lo retomaba con un punto de vista completamente nuevo, en el que incluía visibles juegos de realidad / ficción, moderaba el espectáculo, volvía a indagar en los elementos psicológicos (de un modo bastante pretencioso, todo hay que decirlo) y al mismo tiempo se permitía criticar el rumbo que había tomado su criatura. Dos años antes de volver al éxito, iniciando la saga de Scream, el director se permite aquí una película pequeña, no demasiado dirigida a los fans del personaje y en un momento en el que ya era poco probable conseguir otro público que no fueran esos fans incondicionales. El resultado es irregular, con una estética muy noventera que recuerda a lo que luego sería Scream, pero con un planteamiento atrevido y siendo todo un juego de metacine, inusual en el terror de entonces.

 

Robert Enlund en la nueva pesadilla de Wes Craven

 

Cinco Condiciones (Five Obstructions) 2003

Jorgen Leth y Lars Von Trier

Cinco condicionesA Lars Von Trier le encantan las limitaciones, eso ya lo sabemos. En este caso no son para él sino para otro director, el también danés Jorgen Leth. En este sentido, la codirección que figura en los créditos no significa que ambos directores hayan hecho el trabajo entre los dos, sino que Leth ha realizado las piezas de ficción encargadas por Von Trier, dentro de el documental realizado por este último. Por supuesto, según avanza la película no deja de ser dudoso donde acaban los límites de uno y empiezan los de otro. Es difícil determinar hasta qué punto la parte supuestamente real está más o menos preparada, más o menos ficcionada. En cualquier caso, lo que sí está claro es que tanto las interesantes piezas, como la narración de su realización resultan de lo más interesantes, especialmente para los cinéfilos y amantes de los making of.

 

 

El humano perfecto




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